El título de esta entrada son las 3 causas de mi retirada en el tri de Bilbao.
El día ya se sabía que iba a pintar terrible por la climatología: frío, viento, lluvia ... pero parece que nadie pudo prever lo que ocurriría en la natación en la ría y por un grave error de organización y federación no se cumplió el reglamento para evitar ponernos en peligro como se nos puso.
Respecto a la temperatura del agua no hay versión oficial, sólo nos dicen que midieron el agua la tarde anterior y estaba a 14,4 grados, cosa que sabemos que no se mantuvo en la mañana del sábado. Desde entonces he oído versiones de 13 grados, 11,9 ó 10 ... todas ellas por debajo del mínimo reglamentario para que la natación se haga entera ... y alguna por debajo del límite siquiera para echarnos al agua. Pero se nadó. Y no hay cifra oficial de temperatura porque la versión oficial es que no se volvió a medir la temperatura desde la tarde del viernes porque no suponían que fuera a quedar por debajo de lo reglamentario (14, para entendernos).
Y sí, todos somos mayorcitos para meternos en el agua o no y nadar o no, pero también todos lo hacemos suponiendo que la organización y la federación están cumpliendo sus propias normas y no nos están poniendo en riesgo saltándose porque sí las establecidas para nuestra seguridad. Lo que sí puedo asegurar por experiencia propia es que el agua dolía. Aun así, como un bruto más, allá que voy y en la salida estoy con los demás locos a pegarnos contra la ría y lo que viniera después. El primer tramo bien, normal, hacía un frío terrible, pero el neopreno aguanta y las manos, los pies y la cara se van acostumbrando ... y voy a favor de corriente.
Lo malo llegó al girar la boya y empezar el tramo de vuelta (la boya está antes de la mitad, así que el segundo tramo es de más de 1 km). Ahí enseguida nos dimos cuenta del problema que íbamos a tener con la corriente; el paso era demasiado estrecho y al quedarnos frenados costaba un rato salir de la recreación de peces del estanque del Retiro en que nos convertimos unos encima de otros para coger aire. Cuando pasé fue cuando cometí mi error de urbanita ignorante: nadar más cómodo de gente hacia el centro de la ría. Como me diría horas más tarde el gran Josele: en los ríos se nada por el centro a favor de corriente, y contra corriente por la orilla. Mucha gente lo sabía y por eso nadaban juntos haciendo más metros pero pegados a la pared ... yo no lo entendí sobre la marcha y eso me costó agotarme nadando más de 1 km contra una corriente exagerada por la crecida de la ría por las lluvias de los últimos días y, por lo que nos cuentan, por la suelta de agua que hizo un embalse unas horas antes.
Cada metro cuesta lo indecible y para avanzar no te das cuenta de que estás poniendo cada vez más fuerza para avanzar. Y en mi error me condené. Poco antes del puente del Ayuntamiento empiezo a notar cosas que no deben estar ahí. Ya había perdido toda la sensibilidad del meñique y el anular de la mano izquierda, que no bajaban al entrar en el agua, flotaban, no hacían fuerza, y el resto de ambas manos lo calentaba cerrando los puños ... pero eso entraba dentro de lo normal. Lo que no entraba en lo normal era empezar a tener frío dentro del neopreno. En ese punto, en la curva del puente, la corriente ya podía conmigo, no avanzaba, sino que me iba para atrás; intenté atacarla por 3 sitios distintos, pero ya estaba helado y no avanzaba un metro ... era el punto de reconocer que los 200 m que me quedaban para acabar la natación no los iba a conseguir recorrer. Levanté la mano y uno de los paddle-surfistas de la organización me acercó a la lancha de la Cruz Roja para sacarme antes de que tuviera un problema. No pude ni subirme a la lancha, no me había dado cuenta de hasta qué punto me había vaciado contra la corriente que ya sólo me debía estar moviendo por inercia; mis brazos no respondían y me subieron a la lancha como si subieran un atún.
... Un rato después, ya en tierra, en medio de la rabia infinita de no haber sido capaz de terminar siquiera el sector de natación, aún necesité ayuda de un voluntario para quitarme el neopreno o cerrar la cremallera de una chaqueta. Hora de calentarse y relajar la cabeza.
Con las horas, con los ánimos de los colegas berragrosianos se me quedaba una buena lectura de todo esto: la rabia no me la va a quitar nadie, pero tampoco que lo di todo, que cometí un error técnico de trazado en la ría que me vació y de eso ya he aprendido ... y sobre todo me quedará el que mi sempiterno respeto al agua, cercano a lo excesivo, no me hizo darme la vuelta antes de bajar a la ría, ni nada más entrar en ella; todo lo contrario, me demostré que mi cuerpo aguanta nadar en agua fría, que puede rendir bien, respirar bien, no agarrotarse, etc., por muy jodida que se ponga la cosa. Y eso de cara a Embrun, a nadar en un lago de los Alpes a las 6 de la mañana, importa y mucho ... me he quitado un peso de encima con todo esto.
Tengo que seguir entrenando, me queda mucho trabajo por delante, pero a pesar de todo la lectura sigue siendo buena. Y la tendré a pesar de la paliza de espalda que tenía el domingo o de los 2 días que me he pasado en casa con fiebre como regalito de Bilbao: hipotermia + agua de dudosa salubridad + sobreesfuerzo ... lógico, vamos.
Y después de otra pelea contra los elementos sigue la temporada: próximo episodio en casa: 1 de junio, cicloturista de Los 10.000 de El Soplao: serán 220 o, si me veo bien, 315 km sobre la bici sin un metro plano ... esperemos que, como excepción, el tiempo nos acompañe. Por aquí estaré para contarlo ... hasta entonces, a entrenar se ha dicho.
martes, 21 de mayo de 2013
lunes, 29 de abril de 2013
esto es lo que hay
... lo que hay es que a mi estómago no le gusta nada correr larga distancia, así que ando con él a la gresca.
Ayer, como suele ocurrirme, se me cruzó allá por el km 15 de la maratón de Madrid y ya empezamos con lo de siempre ... pero esto ya no vale de excusa de nada, si es habitual tengo que asumir que son las condiciones de mi cuerpo para correr y contar con ellas de salida.
Aunque no soy nada friki de tiempos, sí tenía como referencia la idea de correr en 3h 30´ pero no lo conseguí, me cayeron 3h 47´, así que a seguir entrenando, que a día de hoy es para lo que me da la forma, y que esto sólo son fuegos de artificio comparado con lo que tengo por delante en los próximos meses ... ya tendré tiempo de reírme de "correr con dolor de barriga".
Aparte de eso, la verdad es que me lo conseguí pasar bien y acabé contento porque el entrenamiento va por donde debe. Por fin he conseguido sentir que la distancia de la maratón la domino, que pongo el ritmo más fuerte que me puedo permitir y lo aguanto hasta meta; para qué tiempo da eso es lo que menos me preocupa estando en abril, el reto de este año está fuera de lo que puede contar un reloj (más allá de los fuera de control); es un reto de fuerza, y en eso ayer mis piernas respondieron como no suelen hacerlo en esta distancia.
A más de uno se le pasará por la cabeza la pregunta de por qué no me retiro cuando me pasan estas cosas. Fácil: no lo hago nunca, sólo me he tenido que retirar en una carrera y fue hace 2 años por una hipotermia que me impidió seguirme moviendo (sí, Ecotrimad, eso va por ti ... y queda sólo mes y pico para que cobre mi venganza, avisado quedas). Claro que es algo que se te cruza por la cabeza, el "¿y para qué seguir?", y ahí el orgullo, el recuerdo de cada entrenamiento y las ganas de continua superación acuden en tropel para callar la respuesta, no hace falta oírla, hace falta algo más serio para que yo me pare, y si no a qué carajo voy a ir yo a Embrun.
Pero aparte de eso, ayer no era ésa la única razón para no parar. Había otra más fuerte, mi respeto para cada corredor y para cada espectador de Boston. Por la mala suerte de cruzarse con el infinito de la estupidez humana mucha gente no podrá volver a correr ni con dolores ni sin ellos, ni sobrados ni dejándose el alma, ni con risas, ni apretando los dientes, ni haciendo algo tan inocente como divertirse e intentar sentirse bien; no podrán seguir disfrutando de este deporte ni de muchos otros como les gustaría hacerlo.
Seguiré corriendo con lo que encuentre dentro de mí, marcando muescas como la de ayer que sólo era el inicio de una temporada que quiero devorar.
Próxima parada: 18 de mayo: Triatlón de Bilbao ... seguiremos informando. Mientras, a seguir a bloque, no tengo tiempo para andarme con cuidado.
Ayer, como suele ocurrirme, se me cruzó allá por el km 15 de la maratón de Madrid y ya empezamos con lo de siempre ... pero esto ya no vale de excusa de nada, si es habitual tengo que asumir que son las condiciones de mi cuerpo para correr y contar con ellas de salida.
Aunque no soy nada friki de tiempos, sí tenía como referencia la idea de correr en 3h 30´ pero no lo conseguí, me cayeron 3h 47´, así que a seguir entrenando, que a día de hoy es para lo que me da la forma, y que esto sólo son fuegos de artificio comparado con lo que tengo por delante en los próximos meses ... ya tendré tiempo de reírme de "correr con dolor de barriga".
Aparte de eso, la verdad es que me lo conseguí pasar bien y acabé contento porque el entrenamiento va por donde debe. Por fin he conseguido sentir que la distancia de la maratón la domino, que pongo el ritmo más fuerte que me puedo permitir y lo aguanto hasta meta; para qué tiempo da eso es lo que menos me preocupa estando en abril, el reto de este año está fuera de lo que puede contar un reloj (más allá de los fuera de control); es un reto de fuerza, y en eso ayer mis piernas respondieron como no suelen hacerlo en esta distancia.
A más de uno se le pasará por la cabeza la pregunta de por qué no me retiro cuando me pasan estas cosas. Fácil: no lo hago nunca, sólo me he tenido que retirar en una carrera y fue hace 2 años por una hipotermia que me impidió seguirme moviendo (sí, Ecotrimad, eso va por ti ... y queda sólo mes y pico para que cobre mi venganza, avisado quedas). Claro que es algo que se te cruza por la cabeza, el "¿y para qué seguir?", y ahí el orgullo, el recuerdo de cada entrenamiento y las ganas de continua superación acuden en tropel para callar la respuesta, no hace falta oírla, hace falta algo más serio para que yo me pare, y si no a qué carajo voy a ir yo a Embrun.
Pero aparte de eso, ayer no era ésa la única razón para no parar. Había otra más fuerte, mi respeto para cada corredor y para cada espectador de Boston. Por la mala suerte de cruzarse con el infinito de la estupidez humana mucha gente no podrá volver a correr ni con dolores ni sin ellos, ni sobrados ni dejándose el alma, ni con risas, ni apretando los dientes, ni haciendo algo tan inocente como divertirse e intentar sentirse bien; no podrán seguir disfrutando de este deporte ni de muchos otros como les gustaría hacerlo.
Seguiré corriendo con lo que encuentre dentro de mí, marcando muescas como la de ayer que sólo era el inicio de una temporada que quiero devorar.
Próxima parada: 18 de mayo: Triatlón de Bilbao ... seguiremos informando. Mientras, a seguir a bloque, no tengo tiempo para andarme con cuidado.
martes, 23 de abril de 2013
de alguna parte
desacompasando sueños con ganas de gritar y tensar la piel
hambre
jugando sin tregua a no tener cuidado porque hace meses que el tiempo para eso quedó prohibido
no hay alas. No hay motores, ni prestan segundos de descanso a la vuelta de la madrugada siguiente ... otra de ésas que se alargan por la sed de letras en diferido
relax inquieto
tensión pausada y rabia sujeta con sangre fría. Sin cadenas de calma. Apostando con mi ego, adivinando incógnitas que no hay que resolver para no poner reglas
aire para ideas desordenadas sobre notas de caos en cuartilla, iluminadas, insomnes en papeles esparcidos bajo pasos de baile
hambre
jugando sin tregua a no tener cuidado porque hace meses que el tiempo para eso quedó prohibido
no hay alas. No hay motores, ni prestan segundos de descanso a la vuelta de la madrugada siguiente ... otra de ésas que se alargan por la sed de letras en diferido
relax inquieto
tensión pausada y rabia sujeta con sangre fría. Sin cadenas de calma. Apostando con mi ego, adivinando incógnitas que no hay que resolver para no poner reglas
aire para ideas desordenadas sobre notas de caos en cuartilla, iluminadas, insomnes en papeles esparcidos bajo pasos de baile
jueves, 7 de febrero de 2013
des-
Ni siquiera cerró la puerta del espacio que ya le habían robado
Una idea antes, había guardado aire en una maleta dejando espacio libre para cualquier cosa que pudiera imaginar. Su pequeño infinito era todo lo que necesitaba y que nadie le podría quitar.
Una después, dejó en el buzón del banco un sobre con su nombre en el remite. Como dirección: cualquier parte donde les deba menos de un vaso de agua.
Cogió un taxi, le entregó al conductor las monedas que aún había en su bolsillo, cerró los ojos y pidió que le llevara "hasta donde llegue ese dinero, fuera de la ciudad, sin que me diga dónde"
Una idea antes, había guardado aire en una maleta dejando espacio libre para cualquier cosa que pudiera imaginar. Su pequeño infinito era todo lo que necesitaba y que nadie le podría quitar.
Una después, dejó en el buzón del banco un sobre con su nombre en el remite. Como dirección: cualquier parte donde les deba menos de un vaso de agua.
Cogió un taxi, le entregó al conductor las monedas que aún había en su bolsillo, cerró los ojos y pidió que le llevara "hasta donde llegue ese dinero, fuera de la ciudad, sin que me diga dónde"
miércoles, 30 de enero de 2013
z
cortar un rato, despiezarlo en momentos, soltar instantes al azar, mezclarlos con personajes al arbitrio de un segundo irracional, seguir el juego como una historia, vivirla, creerla, crecer dentro de ella hasta que los pies queden en vilo
despertar, desperezarse, guardar el sueño en alguna parte que no encontrarás, a no ser que otra madrugada todo vuelva a caer en el mismo sitio en que lo dejaste y entiendas si caes o vuelas
despertar, desperezarse, guardar el sueño en alguna parte que no encontrarás, a no ser que otra madrugada todo vuelva a caer en el mismo sitio en que lo dejaste y entiendas si caes o vuelas
domingo, 27 de enero de 2013
fechas para un reto demente
Si miráis en la columna derecha veréis el listado de pruebas que he programado para esta temporada. Sólo aparece lo serio, las pruebas más duras, para no eternizarme enumerando.
Avisé hace un par de meses de qué es lo que iba a pasar este año y he seguido adelante con la idea que se me ocurrió entonces, el día de mi cumpleaños, la idea de que ya es hora de crecer y correr un ironman y, puestos a explotar, escoger uno de los más duros del mundo: Embrunman, en plenos Alpes franceses.
La idea de la temporada es que todo sea un entrenamiento, todo menos la última fecha. Sólo quiero buscar un pico de forma, uno y no más, de modo que tengo que inventarme el modo de construir un cuerpo que pueda asimilar tanta carga de trabajo físico sin caer en fatiga y sin dejar de crecer hasta dentro de siete meses, cuando a las 6 de la mañana del 15 de agosto den la salida de este reto brutal en la orilla del Plan D´Eau D´Embrun. Antes de eso, cada prueba seria será un escalón hacia el siguiente nivel y, si le echáis un ojo a las fechas, gran parte de ese plan me la voy a jugar en primavera en las cinco etapas que van desde la Maratón de Madrid del 28 de abril, a la Irati Xtrem del 15 de junio; entre una y otra, el medio ironman de Bilbao, la cicloturista de Los 10.000 del Soplao y el Ecotrimad, y sólo 3 fines de semana libres. Lo que saque de mitad de junio será lo que tenga que consolidar hasta el medio ironman de Garai a principios de julio, y desde ahí, a hilar muy fino para evitar cualquier paso atrás y pulir lo que falte, que será mucho, seguro. Sólo quedará una etapa, el Ultra Trail de Picos de Europa (Macizo Oriental), que correré en equipo con mi amigo Toño al que debía una carrera de montaña que el año pasado no pudimos cuadrar, y qué mejor que hacerla en casa.
Y al final de todo ese camino, de tanta prueba que cualquier otro año sería un objetivo y no un entrenamiento más, tendré que estar en Embrun y demostrarme que puedo nadar 4 km casi de noche en un lago que tendrá el agua bastante fría, rodar 188 km en bici en un recorrido de más de 5.000 m de desnivel y puertos como el Col D´Isoard (una etapa que perfectamente se puede encontrar en cualquier Tour de Francia), y correr al final una maratón llena de cuestas y trampas.
Cada metro de entrenamiento con la idea de llegar a la meta de Embrun, y sólo con una obligación: seguir divirtiéndome, que si no esto pierde el sentido.
miércoles, 16 de enero de 2013
rodaba
Recorría una calle, giraba en la esquina y quienes la
perseguían la perdían de vista. Si preguntaban en la perpendicular en que
giraron sólo recibían caras de asombro. Nadie la había visto.
Podían pasar días sin que sucediera de nuevo, sin que volviera
a recorrer una calle vacía, por mitad de la calzada. Los que no la veían creían
que todo pasaba por ser una leyenda urbana para coleccionar. Otros vivían simplemente
ajenos a su existencia, a su callejeo.
Los locos que la seguían inventaban tácticas y patrones de
comportamiento para prever dónde aparecería la siguiente vez. Querían estar
allí donde se volviera a dejar ver, ganarle tiempo para llegar a tocarla. Nada
tenía aquello de juego, era un objetivo, un fin, una razón para apartar
cualquier otro plan ante la leve sospecha de conseguir alcanzarla y contar su
historia como trofeo.
Contarla a quien quisiera oírla. Mirar después por encima
del hombro a quien nunca lo creyó ni lo haría más tarde. Trofeo para los
imaginativos que matarían de envidia por haber sido ellos los astutos que
hubieran llegado antes con sus manos.
Dos días de ridícula gloria y se sabrían retornados al
anonimato. Al tedio diario vestido de uniformes de colores grises.
Darlo todo por su tacto.
Nada por su comprensión. Ni por levantar la vista a riesgo
de perder una oportunidad. Nada por ver un gigante sentado a las afueras de la
ciudad, jugando con una canica y el dado que un día encerró en ella. Echándola
a rodar por calles donde no hiciera daño y rescatándola al final con dos dedos
rápidos. Toda su atención fija en el momento en que el dado se parara y la
suerte de la ciudad dejara de rodar sin haber sabido en semanas que de 6 caras
2 suponían que no hubiera a quién saludar.
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