Qué divertidos son los triatlones cuando tienes en la cabeza cómo te toca afrontarlos. Y qué geniales cuando no tienes ni zorra y vas improvisando el guión según toca.
Como decía el otro día, llegaba a Elche corto de forma con la inquietante calma de que este año sé que no podré llegar a mucho. Si una sensación como la de "inquietante calma" se te viene a la cabeza para explicar cómo te encuentras antes de un triatlón, date por confuso; vamos, que tienes un lío en el coco importante. En mi caso eso me llevó a pasarme la semana exageradamente nervioso sin saber exactamente por qué; y la clave era algo tan raro como la "inquietante calma", con el añadido cómico de que ese algo no lo he comprendido hasta hace un rato pensando en cómo ha ido todo. En fin, palabros y juegos conceptuales aparte, la gracia de todo esto fue que de algún modo sabía desde hacía tiempo que, aun no estando en forma ni de lejos, la adrenalina me iba a pedir vaciarme como si estuviera a otro nivel ... y si una sensación así se te presenta el día de una prueba, no te des por confuso, date por jodido o pon medidas para no liarla. No llegas a comprenderlo, pero empiezas a intuir el porqué de esos nervios y ante eso no toca frenarse, sino pactar; de acuerdo, te vas a poner a prueba, pero sólo es el principio de la temporada: así que a tope, pero sin que llegue la sangre al río.
La verdad, si miras los tiempos de la prueba (5h 47´al final) no son nada para tirar cohetes, pero es que el domingo los tiempos me daban igual (hasta cierto punto, claro, al fin y al cabo somos deportistas). Si miro uno por uno, la natación casi en 40´ es un desastre; vamos, que como el agua me impresiona tanto, pierdo la concentración enseguida y verme encerrado en un grupo entre la primera y la segunda boya recibiendo y dando golpes por todos lados y sin un espacio decente para respirar o dar 2 brazadas limpias me hizo retrasarme y perder todo el ritmo; y desde ahí, una de mis exhibiciones de desorientación, así que hice muchos más metros que los que tocaba. La bici en 3 horas (unos segundejos menos) tuvo su pase, sobre todo porque el viento buscándonos la cara puso muy fácil aquéllo de vaciarse para nada. De las transiciones mejor ni hablo, que dan para tomarse un café cada una de ellas; y la carrera a pie era la gran incógnita: con la dureza que habían prometido no sabía si tendría piernas suficientes para correr y no arrastrar los pies ... al final 1h 56´, demasiado para ser una media maratón, pero fue el máximo que me pude permitir, y encima la disfruté con la suficiente soltura como para llegar sonriendo a meta, levantando los pulgares, sacando la lengua de guasa y con el sentimiento impagable de que todos los berrakos que ya habían llegado estuvieran esperando para animar desde que empecé la última vuelta, para chocar la mano, para felicitarte por terminar (y algunos llevaban ahí más de una hora). De verdad, me quito el sombrero, muchísimas gracias a todos ... a todos, y en especial a una que yo me sé por estar, por quererte venir, por pegarte el madrugón sin rechistar, por recogernos las mochilas, curratse las fotos y pasártelo como una enana en medio de todos esos "jipis colgaos" que somos.
Un triatlón inolvidable por mil detalles que conozco y otros tanto de los que me iré dando cuenta, por una imagen como la de arriba que lo dice todo, y por permitirme decir algo que estaba desando escribir desde que me tocó pasar el trago de Segovia: empate a uno.
martes, 24 de abril de 2012
miércoles, 18 de abril de 2012
estoy verde
Pues parecía que iba a ser mucho tiempo y no tengo la sensación de que haya pasado tanto desde que corrí el triatlón de Vitoria a finales de julio ... y ya sólo quedan 4 días para el medio ironman de Arenales (Elche). Seguramente me parezca poco al triatleta de Vitoria, el que corrió ya cansado de una temporada muy cargada. Sin embargo, tiene toda la pinta de que el rendimiento será semejante, sólo que si en Vitoria estaba pasado de forma, en Elche voy a estar muy corto. Ya era previsible que esto de hacer un máster me iba a dejar poco tiempo para entrenar, y aunque un invierno tan seco y tan suave como el que hemos tenido me ha dejado bastante margen los domingos, tampoco sé inventar imposibles, y entre unas cosas y otras no empecé a nadar hasta febrero y me he comido 5 semanas seguidas sin coger la bici (justo hasta hace 4 días). Ya, la carrera a pie va mejor que antes, pero los 2 primeros sectores me van a pesar mucho, así que más me vale tomarlo con calma si quiero seguirme planteando esto como juego y diversión. Y como muestra, el entrenamiento de este fin de semana con la bici: un par de horas el sábado jugando al tú la llevas con las tormentas, y algo más serio el domingo camino de La Cabrera; de ruta para allá el viento de cara convirtió un llano en un puertarraco de montaña larguísimo y yo iba solo, pero aunque esas condiciones de por sí son duras, no lo deberían ser tanto como para dejarme literalmente clavado subiendo La Trampa (o Cerro de Valgallegos), con la bici vibrando de tanta tensión en alguna curva en que iba tan despacio que parecía que me iba a caer. Sin más, al final subes, que son sólo 2 ó 3 kilometrillos, pero en la cabeza te queda claro que te falta un mundo para correr en forma.
Sí, eso también lo sé, es probable que eso no lo consiga en todo el año, el precio mínimo de estudiar a la vez que trabajar y no parar quieto. Aun así, como buen cabezota, seguiré sacando lo que pueda para que acabe pareciendo que corro y todo.
Ahora sí que empieza el lío
... nos vemos en algún kilómetro
Sí, eso también lo sé, es probable que eso no lo consiga en todo el año, el precio mínimo de estudiar a la vez que trabajar y no parar quieto. Aun así, como buen cabezota, seguiré sacando lo que pueda para que acabe pareciendo que corro y todo.
Ahora sí que empieza el lío
... nos vemos en algún kilómetro
lunes, 26 de marzo de 2012
la media más larga
No soy muy amigo de poner excusas a los días malos, pero hoy (domingo) ha sido uno de esos en que pasas las de Caín por mil razones, y algunas se escapan a tu control. Hoy he corrido la Media Maratón de Segovia y estoy totalmente destrozado, que es casi como he empezado el día.
Aparte de la falta de entrenamiento que pueda llevar este año en que intento no levantar el pie del pedal a pesar de las horas de curro y del máster, me toca estar contento por la carrera de hoy. Lo sé, es contradictorio hablar de día malo y de estar contento, pero la situación cambió completamente el sábado, cuando uno de esos ataques de alergia que me provocan de vez en cuando los aires acondicionados me dejó agotado. Confié en dormir y mejorarme, pero cuando me he levantado esta mañana aún estornudaba y tenía bastante mal cuerpo. Pretendí olvidarlo, centrarme en la carrera y ya se vería qué tal iba el día, pero en la primera zancada se confirmaba lo que temí al levantarme: no había recuperado, los pulmones los tenía cerrados y correr así es como correr desenchufado. Así que ha tocado sufrir desde la salida y no he podido disfrutar nada en toda la carrera. Esa es la parte de "día malo", que ya he dicho muchas veces que a mí lo de sufrir no me motiva; sí me encanta moverme en el límite, pero hoy no había límite divertido con el que jugar, en la salida ya estaba vendido. La parte de alegrarme de lo sucedido viene por haberme demostrado la cabezonería y frialdad suficiente como para correr los 21 K de Segovia (los más duros que recuerdo en una carrera urbana, sin un metro plano, o subes durante kilómetros o bajas sujetándote porque ni las bajadas son cómodas) y hacer el sorprendente tiempo de 1h 43´ que visto mi estado físico me parecen un carrerón. Lo que me he llevado por delante para acabar así una media maratón que nunca terminaba ha sido el mareo de cada zancada, exigirle tanto al motor que no se podía encender que llevo unas cuantas horas abrazándome el estómago, que es el que más ha pagado que hoy el límite no estuviera entre el disfrute y el sufrimiento, sino entre seguir corriendo o tener que parar con el cuerpo completamente roto.
Ahora me toca dormir y recuperar el cuerpo del cansancio; durante la semana me encontraré bien y sacaré partido del entrenamiento involuntariamente brutal de esta mañana. Ya, ya, la pregunta que mucha gente se hace ahora es ¿y por qué has corrido? ... como decía hace poco Ángel, el presi del club, en su blog: por respeto.
Aparte de la falta de entrenamiento que pueda llevar este año en que intento no levantar el pie del pedal a pesar de las horas de curro y del máster, me toca estar contento por la carrera de hoy. Lo sé, es contradictorio hablar de día malo y de estar contento, pero la situación cambió completamente el sábado, cuando uno de esos ataques de alergia que me provocan de vez en cuando los aires acondicionados me dejó agotado. Confié en dormir y mejorarme, pero cuando me he levantado esta mañana aún estornudaba y tenía bastante mal cuerpo. Pretendí olvidarlo, centrarme en la carrera y ya se vería qué tal iba el día, pero en la primera zancada se confirmaba lo que temí al levantarme: no había recuperado, los pulmones los tenía cerrados y correr así es como correr desenchufado. Así que ha tocado sufrir desde la salida y no he podido disfrutar nada en toda la carrera. Esa es la parte de "día malo", que ya he dicho muchas veces que a mí lo de sufrir no me motiva; sí me encanta moverme en el límite, pero hoy no había límite divertido con el que jugar, en la salida ya estaba vendido. La parte de alegrarme de lo sucedido viene por haberme demostrado la cabezonería y frialdad suficiente como para correr los 21 K de Segovia (los más duros que recuerdo en una carrera urbana, sin un metro plano, o subes durante kilómetros o bajas sujetándote porque ni las bajadas son cómodas) y hacer el sorprendente tiempo de 1h 43´ que visto mi estado físico me parecen un carrerón. Lo que me he llevado por delante para acabar así una media maratón que nunca terminaba ha sido el mareo de cada zancada, exigirle tanto al motor que no se podía encender que llevo unas cuantas horas abrazándome el estómago, que es el que más ha pagado que hoy el límite no estuviera entre el disfrute y el sufrimiento, sino entre seguir corriendo o tener que parar con el cuerpo completamente roto.
Ahora me toca dormir y recuperar el cuerpo del cansancio; durante la semana me encontraré bien y sacaré partido del entrenamiento involuntariamente brutal de esta mañana. Ya, ya, la pregunta que mucha gente se hace ahora es ¿y por qué has corrido? ... como decía hace poco Ángel, el presi del club, en su blog: por respeto.
domingo, 5 de febrero de 2012
2012
Ya era hora de que consiguiera cerrar el mínimo de cosas para saber qué haré básicamente en mi temporada de aquí al verano. No descarto añadir alguna cicloturista que encuentre en domingo y resulte interesante, pero de momento, si miráis en la columna de la derecha, vais a ver 4 enlaces con lo que sé que haré seguro en 2012. Las reglas obligatorias de este año ya las habré comentado en algún momento: al estar con las clases del máster sólo puedo ir a pruebas que se celebren en domingo.
Lo primero que caerá será la Media Maratón de Segovia. Sí, sólo es una media maratón, nada más, pero contando con que suelen aparecer por allí unos cuantos colegas berrakos, pinta que esto va a ser la guerra y que va a tocar apretar los dientes y vaciarse.
Lo demás, 3 medios ironman, uno por mes, que van a ser el centro del año: Elche (otra ocasión para competir contra mí mismo y contra los demás berrakos que van a participar (muchos de los cuales estarán a menos de un mes del Ironman de Lanzarote, a ver quién puede con ellos para entonces)), Hellín (conozco poco y de momento voy solo, pero tiene buena pinta)
... y la gran liada:
Garai: para entendernos, el año pasado participaron 45 locos y este año esperan no ser más de 100. En lugar de decirte que vayas a correr sin más preocupación que el entrenamiento que tengas a bien hacer, la propia organización te advierte: que esto es muy duro y no quieren que nadie vaya engañado, ni que vaya gente con poca preparación o poca experiencia (sinceramente, se agradece, no van a sacar pasta, sino a organizar las cosas hasta el punto en que las saben manejar ... y si no, otro detalle: sólo cuesta 35 euros). En mi caso, les conté lo que hice el año pasado, pero para entonces ya habían encontrado este blog siguiendo el enlace de uno de mis mails, y me dijeron algo así como: ya hemos visto que estás como una regadera, así que no te preocupes, que aquí vas a estar encantado; me puedo equivocar, claro, pero la sensación que tengo por ahora es la de que este tri va a ser una pasada.
Y de momento eso es todo, en cualquier momento se me puede ir la cabeza y liar alguna otra (sobre todo a final de verano cuando me libere un poco de tanta cosa para hacer a la vez), pero visto el tiempo con el que cuento me parece que poco va a variar, y que con esto tengo más que suficiente. Sobre todo pensando en Hellín y Garai, si alguien se quiere unir que me lo diga, por mí encantado; eso sí, contad con que para viajar sólo puedo moverme los sábados a partir de las 2 de la tarde.
Visto esto y la fuerza que me he encontrado en las piernas en los entrenamientos de este fin de semana, ahora sí que puedo decir: ¡¡¡esto ya marcha!!!
Nos vemos en el camino ... con una sonrisa de sana locura y un cuchillo entre los dientes
Lo primero que caerá será la Media Maratón de Segovia. Sí, sólo es una media maratón, nada más, pero contando con que suelen aparecer por allí unos cuantos colegas berrakos, pinta que esto va a ser la guerra y que va a tocar apretar los dientes y vaciarse.
Lo demás, 3 medios ironman, uno por mes, que van a ser el centro del año: Elche (otra ocasión para competir contra mí mismo y contra los demás berrakos que van a participar (muchos de los cuales estarán a menos de un mes del Ironman de Lanzarote, a ver quién puede con ellos para entonces)), Hellín (conozco poco y de momento voy solo, pero tiene buena pinta)
... y la gran liada:
Garai: para entendernos, el año pasado participaron 45 locos y este año esperan no ser más de 100. En lugar de decirte que vayas a correr sin más preocupación que el entrenamiento que tengas a bien hacer, la propia organización te advierte: que esto es muy duro y no quieren que nadie vaya engañado, ni que vaya gente con poca preparación o poca experiencia (sinceramente, se agradece, no van a sacar pasta, sino a organizar las cosas hasta el punto en que las saben manejar ... y si no, otro detalle: sólo cuesta 35 euros). En mi caso, les conté lo que hice el año pasado, pero para entonces ya habían encontrado este blog siguiendo el enlace de uno de mis mails, y me dijeron algo así como: ya hemos visto que estás como una regadera, así que no te preocupes, que aquí vas a estar encantado; me puedo equivocar, claro, pero la sensación que tengo por ahora es la de que este tri va a ser una pasada.
Y de momento eso es todo, en cualquier momento se me puede ir la cabeza y liar alguna otra (sobre todo a final de verano cuando me libere un poco de tanta cosa para hacer a la vez), pero visto el tiempo con el que cuento me parece que poco va a variar, y que con esto tengo más que suficiente. Sobre todo pensando en Hellín y Garai, si alguien se quiere unir que me lo diga, por mí encantado; eso sí, contad con que para viajar sólo puedo moverme los sábados a partir de las 2 de la tarde.
Visto esto y la fuerza que me he encontrado en las piernas en los entrenamientos de este fin de semana, ahora sí que puedo decir: ¡¡¡esto ya marcha!!!
Nos vemos en el camino ... con una sonrisa de sana locura y un cuchillo entre los dientes
viernes, 27 de enero de 2012
dado
por la mañana aparecían en cualquier parte de la ciudad
Sólo con ver el volumen de aquellas moles cúbicas, alineadas como trenecillos de críos maniáticos, sabías que otra vez habías tenido la suerte de que tus horas de sueño no acabaran siendo eternas, aplastadas. Nadie veía por dónde pasarlas. Quedaban los barrios cortados, las miradas se bloqueaban ante las paredes sentadas sobre la acera, y sólo de vuelta a la cama cerraban los párpados que no habían comprendido qué. En una semana los dados dejaban todo en silencio.
Me harté cuando los discos también callaron.
Salí con lo puesto y tuve que quitármelo para que me dejara agarrarme. Hace dos días que escalo desnudo, creyendo en vacío que encontraré algo allá arriba.
De momento, en vilo, he vuelto a sonreír. Aquí ya se oye ruido.
Sólo con ver el volumen de aquellas moles cúbicas, alineadas como trenecillos de críos maniáticos, sabías que otra vez habías tenido la suerte de que tus horas de sueño no acabaran siendo eternas, aplastadas. Nadie veía por dónde pasarlas. Quedaban los barrios cortados, las miradas se bloqueaban ante las paredes sentadas sobre la acera, y sólo de vuelta a la cama cerraban los párpados que no habían comprendido qué. En una semana los dados dejaban todo en silencio.
Me harté cuando los discos también callaron.
Salí con lo puesto y tuve que quitármelo para que me dejara agarrarme. Hace dos días que escalo desnudo, creyendo en vacío que encontraré algo allá arriba.
De momento, en vilo, he vuelto a sonreír. Aquí ya se oye ruido.
lunes, 16 de enero de 2012
desde aquí arriba
Hace tiempo que no te escribo, vieja. Pero aún te recuerdo.
Recuerdo el día en que entendí que los libros del último estante cogían polvo porque ninguno llegábamos ya tan arriba. Y recuerdo que te lo dije, y que casi nos quedamos sin aire de tanto reír.
No llevo la cuenta de los días que han pasado desde que te tuviste que marchar. Que se acabó tu tiempo y yo te prometí que seguiría haciendo locuras de crío con pelo canoso, arrugas y las orejas guardadas debajo de un gorro.
Y sigo amando esta forma de vivir.
Así que aquí me tienes de nuevo, escribiéndote otra carta con las manos temblorosas, sentado en la cumbre de otra de esas montañas con nombres que dibujan tan chiquitos en los mapas que ya no me molesto en intentar entender.
Bueno, tengo que bajar ya. Ahora dejaré esta hoja suelta encima de una piedra que me caiga a mano, y que sea el viento quien te la lea allá donde te encuentre riendo como hiciste siempre.
Besos, vieja
Recuerdo el día en que entendí que los libros del último estante cogían polvo porque ninguno llegábamos ya tan arriba. Y recuerdo que te lo dije, y que casi nos quedamos sin aire de tanto reír.
No llevo la cuenta de los días que han pasado desde que te tuviste que marchar. Que se acabó tu tiempo y yo te prometí que seguiría haciendo locuras de crío con pelo canoso, arrugas y las orejas guardadas debajo de un gorro.
Y sigo amando esta forma de vivir.
Así que aquí me tienes de nuevo, escribiéndote otra carta con las manos temblorosas, sentado en la cumbre de otra de esas montañas con nombres que dibujan tan chiquitos en los mapas que ya no me molesto en intentar entender.
Bueno, tengo que bajar ya. Ahora dejaré esta hoja suelta encima de una piedra que me caiga a mano, y que sea el viento quien te la lea allá donde te encuentre riendo como hiciste siempre.
Besos, vieja
martes, 6 de diciembre de 2011
el portalloros
La casa tenía que ser grande.
No cabían más opciones que ésa, ¿de qué otro modo se podría tener dentro del cuarto de baño un portalloros, como aparecía en la enumeración del mobiliario del contrato de alquiler que acababa de encontrar en mi mesa?
Le di vueltas, me puse boca abajo, y también de costado, lo cambié de forma, de superficie, de años a quien lo mirara, y lo que menos quería era entrar en la casa, o saber dónde caería (perdería mi juego).
Porque, ¿qué aspecto se supone que tiene un portalloros?, ¿acaso tiene uno concreto?, ¿hay un estándar? ... no sé, si fuera para mí tendría que acomodarse a lo que necesitara cada vez, protegerme y desahogar tristeza, gritar y soltar rabia; tiene que ser un invento magnífico si puede servirte en todos esos momentos sensibles tan dispares. Y encima eso es ahora, pero si ese lo que sea está en una casa deberá soportar las lágrimas de la abuela igual que las del crío que no quiere salir del baño porque el pasillo de vuelta a la cama está oscuro y seguro que lleno de todos los monstruos imaginables de madrugada, y hasta sabrá cruzarte la cara de una bofetada si la cosa pinta de histeria desesperada.
A quien sea, gracias.
Pero ...
... una sugerencia: que lo hagan portátil, que eso de que tenga que estar en el baño no termino de entenderlo, ¿o es que no servirá para los lloros de ventana del dormitorio, o para los disimulados en la cocina culpando a una cebolla que pasaba por allí?
... y una paradoja: seguiré imaginándolo pero no quiero tener uno, pierde interés.
(o quizá no)
No cabían más opciones que ésa, ¿de qué otro modo se podría tener dentro del cuarto de baño un portalloros, como aparecía en la enumeración del mobiliario del contrato de alquiler que acababa de encontrar en mi mesa?
Le di vueltas, me puse boca abajo, y también de costado, lo cambié de forma, de superficie, de años a quien lo mirara, y lo que menos quería era entrar en la casa, o saber dónde caería (perdería mi juego).
Porque, ¿qué aspecto se supone que tiene un portalloros?, ¿acaso tiene uno concreto?, ¿hay un estándar? ... no sé, si fuera para mí tendría que acomodarse a lo que necesitara cada vez, protegerme y desahogar tristeza, gritar y soltar rabia; tiene que ser un invento magnífico si puede servirte en todos esos momentos sensibles tan dispares. Y encima eso es ahora, pero si ese lo que sea está en una casa deberá soportar las lágrimas de la abuela igual que las del crío que no quiere salir del baño porque el pasillo de vuelta a la cama está oscuro y seguro que lleno de todos los monstruos imaginables de madrugada, y hasta sabrá cruzarte la cara de una bofetada si la cosa pinta de histeria desesperada.
A quien sea, gracias.
Pero ...
... una sugerencia: que lo hagan portátil, que eso de que tenga que estar en el baño no termino de entenderlo, ¿o es que no servirá para los lloros de ventana del dormitorio, o para los disimulados en la cocina culpando a una cebolla que pasaba por allí?
... y una paradoja: seguiré imaginándolo pero no quiero tener uno, pierde interés.
(nacido de una errata)
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