sábado, 1 de diciembre de 2012

la montaña intermedia

Eres algo que necesitas limpiar y dejaste en alguna parte de tu cabeza cuando apareces en la montaña intermedia.

Nadie sabe cuándo irá, ni conoce si los demás comparten el mismo lugar que uno. Pero vamos. Caminamos por ella a tres cuartos de ladera sin sentir al resto aunque quien nos viera creería imposible que no nos rocemos.

Nadie nos ve. La montaña intermedia no se puede observar ni acepta a quien no la necesite; tampoco la encontraría. Suena. A música que no sabría escribir. Cuenta. Lo que soñó algún sonámbulo cómico.

Espero no olvidarla.
Ella olvida que la esperamos.

Quien la perdió dejó en ella el recuerdo de una hoja transparente.

lunes, 19 de noviembre de 2012

aleatoriamente repetitivo

Once tramos de escaleras ascendentes, descendentes, a izquierda, a derecha, curvados, quebrados, suspendidos, invertidos, imantados o mudos, pero once. Cada vez combinados de un modo diferente y absurdo camino del lugar que debe quedar más o menos en ninguna parte.

Siempre agotado, teniendo que cogerme la siniestra con las manos para que suba el último escalón. Sin aliento. Con hambre. Con sed pero no puedo comerme ni beberme el vacío.

Y grito

¡grito!

¡¡¡                  !!! y al tercero no me sale la voz y por mi derecha, por la carretera que nunca veo, viene un crío montado en una de esas bicis antiguas de exagerada rueda delantera que pedalea en equilibrio mientras juega entre sus manos con una caja de música que nunca suena igual. Me mira y se ríe: "te has perdido".


Despierto cada vez tumbado de costado en los asientos de un vagón de cualquier línea de metro. Mis gafas guardadas en una funda enfrente. Ningún recuerdo de cuándo salí de casa.

sábado, 17 de noviembre de 2012

girado

Silencio sobre montones de ropa sin notas bailando entre ellos.

Se ha ido el aroma de viaje, de espacio prestado, camas barajadas como cartas, sueños terminados sin saber dónde abres los ojos o hacia dónde mueves los pies.

Silencio de noche sin concierto, sin pelos de punta, sin discos que cambian de manos ... sin salas vacías ni ruido de botellas recogidas, sin vasos que bebieron asombros o calentaron ideas.

Motor callado que no acompañará a los músicos a su descanso de madrugada. Madrugada sin ritmo de gira.

silencio


silencio



                 girado







lunes, 5 de noviembre de 2012

A Ron Lalá

Admirados genios:


Se apagarían las luces de la verde del Canal cuando ya estábamos todos fuera.

No vi ese momento simbólico de un final conocido, pero no importa. De hecho, es mejor que así fuera, que el último paso que dabais no fuese un fundido a negro, sino veros a los 6 despediros de nosotros, de vuestro "respetable", con luces en los rostros después de ni sé cuánto tiempo de una ovación que seguirá sonando en algún rincón de la sala en los ratos en que se queda muda con sus fantasmas. Se silenciaron las tablas de vuestra temporada del Siglo, pero no será posible que callen vuestras voces de comediantes en nuestras cabezas, jugando a que riamos cuando nos hacéis pensar a más velocidad de la que pueda imaginar algún diablejo. Alguno como yo, que no escribo como hermano o amigo sino como un simple espectador, uno más de vuestras mil funciones, otro cómplice de vuestras triquiñuelas para poetizar guasa o escenificar crítica, y de vuestro valor para seguir inventando teatro mientras el mundo se empeña en estandarizar el aire, en que hasta las personas sean un producto consumible o en que una idea sea algo a temer.


Gracias por ser tan listos


Seguiremos aprendiendo


jueves, 27 de septiembre de 2012

horas viejas

Las que quedan y el lunes habrán volado, las descontadas para terminar de gritar la rabia guardada durante un año, contenida para no reventar. El domingo entre Panes y Potes me daré el gustazo de dejar que mi cuerpo decida cómo quiere terminar de correr esta temporada, la de hacerlo todo a la vez, la de robar tiempo para hacer algo que se pareciera a un entrenamiento, la de tener siempre en la cabeza las 10 siguientes cosas que quedaran por hacer y todas las demás en las que no hubiera caído. Voy a correr sin entrenamiento, pero eso a estas alturas da lo mismo, sólo importa celebrar que ya no hay un reloj dentro de mi cabeza contando el tiempo de una mirada, un paso, un chasquido de dedos, un bostezo o cinco palabras para terminar un párrafo. Entre ir a muerte y trotar contemplando el paisaje caben diez mil matices, y el que se me antoje estará bien para despedirme de la sensación de llevar piernas de corcho cada vez que me ponía las zapatillas, nadaba o salía a rodar en bici durante los últimos 12 meses ... ni que contar las ganas que tengo de darle una patada a los triatlones sin chispa, sin cambio de velocidad.

Y el lunes cambia la historia, horas nuevas, toca empezar a planear locuras. Se aceptan sugerencias para añadir a lo casi fijo: será raro que no corra el tri de Bilbao y el de Garai, podría quitarme la espinita de la hipotermia del Ecotrimad, y habrá que descubrir algún otro nuevo o acordarse de lo que son la Irati, la QH y alguna maratón; mientras tanto, soñar es gratis y tienta volver a Holanda a correr la Amstel, a los Alpes a La Marmotte, rodar de una vez en Los Dolomitas, inventar cualquier imposible ... y de premio el Ultra Trail de Picos de Europa a final de julio.



Nos vamos a reír


domingo, 9 de septiembre de 2012

rabia en la garganta

como si me hubieran tirado dentro un cigarro a medio apagar

lija

igual que anoche al dormir
cenizas inocentes pegadas a mi garganta

pedaleando rampas, los pulmones que pedían aire habían mordido humo y pavesas

tragué briznas quemadas de muerte


¡maldito!


miércoles, 4 de julio de 2012

por fin Garai


Paso delante de la meta y queda sólo una vuelta, sólo 7 km. Durísimos, pero sólo 7, y se me cruza en la cabeza una idea simbólica: cuando vuelva a pasar por aquí voy a esprintar. Y me río, me he salido con la mía, la meta más divertida del año me espera dentro de un rato y a pesar de todo voy a poder terminar mi temporada como me propuse hace 9 meses … sí, en octubre.
Desde entonces llevo vendiendo mis horas de tiempo libre a mis horas de estudio, y mis horas de sueño a mis horas de entrenamiento. Pero no sé ni me importa qué es el sentido común y no he querido saber qué es un año entero sin los nervios anteriores a una carrera … otra más contra mí mismo.

A las 8 de la mañana  llego a la Playa de Saturrarán y aún se me cierran los ojos en el coche. La noche del viernes la pasé en vela estudiando y preparando dos trabajos inaplazables para la mañana siguiente, así que antes del triatlón he dormido un par de horas a cachos en el coche viajando a Garai, y otras 6 ó 7 por la noche … a mi coco no le salen las cuentas. Una hora más tarde, en una línea de salida para sólo 46 triatletas (sí, sólo 46 y no entiendo por qué no ha venido más gente si esto tiene una pinta bestial) sé que tengo la mente en ninguna parte y que eso no va a ser bueno para nadar; 40 minutos después (horror), tras desorientarme como en la vida con las olas (y eran pequeñas) y la desconcentración (por ejemplo, me da por tomar como referencia un barco en lugar de la boya) salgo el último del agua con las piernas muy bloqueadas, más de 2 minutos perdidos con el anterior y más de 12 con el primero. 
Normal que salgas del agua, veas la que has liado y te enciendas. Coges la bici, subes un repecho, haces un par de curvas más rápido de lo debido para estar el suelo tan mojado por la lluvia que estuvo cayendo a ratos toda la mañana, pero ni medio susto. Entras en Ondarru y, paradojas de la vida, tomas una rotonda muy despacio, haciendo caso al aviso de la voluntaria que indicaba la entrada; pero como diría mi amigo Miguelo ahí habían echado resbalina y, de repente, sin tumbar la bici ni tocar el freno, has pisado aceite o vete a saber qué que sueltan los camiones cargados de pescado que luego te cuentan que suelen pasar por allí, ha desaparecido la bici debajo de ti y caes a plomo sobre el asfalto mientras la máquina se desliza hasta la acera. Te duele el muslo que se queja en cuanto te mueves, pero parece que lo demás son sólo raspones. Te ayudan a levantarte y alguien te trae tus gafas partidas que habían acabado vete tú a saber dónde. La pregunta es obligada: ¿vas a seguir? La respuesta: sí, claro, si la bici me deja.
La bici me dejó seguir porque tenía tantas ganas de rodar como yo, y en cuanto empecé a pedalear de nuevo vi que lo del muslo era una putada, pero no había más. Así que sí, iba a seguir, no me iba a rendir ahí después de tanto curro, de la paliza de Marga para llevarme hasta allá y de que Igor y Jaime estuvieran en camino para verme en la meta. Eso sí, de qué tiempo iba a hacer ya ni hablamos, en el agua me había tirado demasiado y con el golpe encima todo el cuerpo estaba para pocas alegrías y el muslo no me dejaba meter desarrollos fuertes, sólo subir la cadencia si no quería clavarme cristales. La parte buena era que estaba en la suficiente buena forma para llegar a Garai sin quedar fuera de control (me sobró más de media hora aunque creí que iba a ir más justo con ese panorama) e intentar correr. Y lo que era mejor es que a las malas, a ostias, sí que conseguí concentrarme, me metí en una burbuja y a rodar; a los 22 km el primero me sacaba casi 18 km pero es que ya me daba igual, iba a llegar sobre mi bici como estaba mandao y, por si me faltaban ganas, van y aparecen Igor y Jaime en coche justo detrás de mí al pasar Gernika, me gritan, me animan, me recuerdan estando ahí otro motivo para no bajarme. Me pasan y me esperan en el siguiente desvío:
-         -- ¡Aúpa, Rafa!
-         -- Joder, que me he caído
-         - No, si se te ve
Suficiente para apretar un pelín más y olvidarte un poco de la pierna.
Con todo, después de gozar con un recorrido en mitad de bosques y paisajes que merecen ser visitados en bici, sin cruzarte con un coche casi hasta el final,  y sólo con la pega de que llevas el miedo en el cuerpo cada vez que llega una curva mojada, aparece Garai al final de la última cuesta esperando con su media maratón en la que no va a haber un metro plano.

Transición rápida (noticia) y las primeras zancadas duelen de verdad, el golpe de la caída va a ser  un problema de 21 km, y finalmente ha aparecido la lesión (periostitis o lo que carajo sea) que llevo 2 semanas arrastrando en la tibia izquierda. Quéjate lo que quieras, pero vas a correr, vaya que si vas a correr, te lo debes y se lo debes a quienes decidieron que lo mejor que podían hacer un domingo por la mañana era ir a animarte.
El primer kilómetro largo de subida a bloque te fija la idea de que esto va a ir muy en serio, pero más allá del sofoco inicial, arriba ves que el entrenamiento en Guadarrama del último mes con cuestas y más cuestas te va a echar un cable, tus piernas tienen costumbre de subir y de cambiar de ritmo y, lesiones aparte, estás razonablemente cómodo para dar gas hasta donde la pierna izquierda te dé cuerda.
La cuerda dio para casi 2 horas, y para correr los últimos 7 km dándote palmadas en la espalda y despidiéndote con una sonrisa de una temporada muy compleja por todo lo que no ha sido el deporte. De vuelta a Garai, a los últimos metros, al sprint que me prometí con la carne de gallina, me encuentro a Igor y Jaime sujetando una cinta en meta, y a Marga preparada con la cámara para hacer la foto al penúltimo corredor que cruzaba la meta, al que quedó el 38, al segundo contado desde atrás, al que llegó en 6 horas y 7 minutos ... qué más da, la foto al último metro de mi temporada.


Gracias, chicos, y gracias a la gente del Garaiko Triatloi Taldea por organizar una prueba tan bonita en la que no nos faltó de nada en ningún momento. Si seguís organizando esta genialidad, me tendréis allí el año que viene; si hace falta echar un cable avisadme y ayudaré en lo que pueda; y si no llego a meta a cachos, contad conmigo para acompañaros en ese detallazo que tuvisteis algunos de seguir corriendo después de terminar para animar a los que todavía estábamos en carrera.

Mucho sentimiento y cordura más bien poca. Hasta aquí ha llegado mi temporada 2012, ahora me toca terminar el máster y seguir haciendo el cabra por cualquier parte pero sin objetivos concretos ... ah, sí, y descansar también estaría bien.


Y que siga sin olvidarme de que hago todo esto por diversión.


                                                                                                                   




                                                                                ... hasta el año que viene ... ciao